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Loredana

... Verdes campos y bosques azules de eucaliptos se alternan en los barrios periféricos de Quito. La bonita y verde ciudad semeja extenderse dentro del Valle de los Volcanes, que de Quito, se desenvuelve hasta Cuenca. La Panamericana corre a lo largo de este valle flanqueado por dos distinguidas Cordilleras de los Andes, el occidental y el oriental. Muchos son los volcanes y buena parte  están todavía activos. Superamos el Cotopaxi, todo nevado, y las dos cimas distinguidas del volcán Illiniza. Una larga parada al mercado de Saquisilì me sumerge enseguida en el mundo indígena auténtico. Vivaracho y pintado el lugar reservado a los animales, ovejas, hojas, cochinillos negros, vendedores y compradores en sus diferentes costumbres, en una barahúnda de luces y llamadas gritadas por megáfonos y tenderos con comidas y bebidas para confortar quién tuviera necesidad de ello. Y luego curioseamos en los otros sectores del mercado, entre pilas de vestidos, chaquetas, sombreros, jerseys; a lo largo de una acera, son la obra de los sastres sentados tras máquinas para coser a manivela o a pedal,  arreglando las adquisiciones del día. Siempre fascinador el mercado de artesanía con bonitos cestos negros y bolsos de mimbres o en fibra de agave, , finos objetos de madera. Y luego en la calle centenares de costales de patatas negras, amarillas, rojas y ocre; a lo largo de los estrechos pasos, mujeres absortas a freír montañas de buñuelos en grandes sartenes de hierro. El perfume intenso de la piña nos atrajo alrededor de una vendedora... 

 

.. Nos acercamos a Babahoyo, y a los campos labrados de la ciudad. Las viviendas que flanquean la calle son simples chozas de cañas sobre pilotes: surgen en desorden como setas, con pasarelas inestables que las unen a la calle, pequeños porches con festones de paños extendidos y macetas de flores para afinar una pobreza palpable.  En Babahoyo visitamos el centro social en el cual obra Luca. Una fiesta de acogida ha sido preparada que no se como describir, porque, más allá de cada coreografía, es tan envolvente e impregnante  las palabras y emociones. Me conmuevo de manera diferente, caminar entre los edificios que constituyen el centro: la escuela materna, las aulas de las clases elementales, el dispensario, la cocina.... Y la memoria de mi pasado de profesor se presenta en toda la abismal diversidad de contextos en que yo laboré.  Aquí se respira un aire de serenidad y abierta cordialidad que no recuerdo haber experimentado en las super escuelas equipadas donde trabajé. El encuentro directo con una realidad tan evidentemente pobre, pero intensamente humana y decorosa, me hace reflejar sobre lo que nuestro modo frenético de vivir nos da, pero sobre todo nos quita.... 



 

.... Ya son las cuatro de la tarde cuando se realiza un desembarque seco, me subo sobre los riscos cincelados de Punta Suarez, hay iguanas marinas en todo sitio: se camuflan perfectamente sobre los negros peñascos lávicos, inmóviles como antiguos ídolos paganos. Los cachorros ruedan alegres y pájaros del largo pico agudo se acercan brincando curiosos, atemorizados por las voces o de los click de las cámaras de fotos. Recorremos una senda bastante inaccesible, pero no pesada, y alcanzamos un vista interior que hierve la vida animal, mientras que la vegetación es reducida a pocas matas rojizas y a algunos cactus. Los peñascos que constelan el paso obligado son enlucidos de guano de un blanco espectral. El sitio es poblado de espléndidos piqueros disfrazados, piqueros de patas rojas, piqueros de patas azules, albatros ocupados en el ritual del cortejo con los largos picos amarillos que se cruzan cariñosamente. Entre la senda se agacha un "pequeño" albatros, torpe, pero simpatiquisimo. Un alto géiser originado por el paso obligado del agua entre los rocios del arrecife que  tritura su penacho blanco en menuda lluvia. Nos paramos un instante en silencio para absorber toda la maravilla que nos circunda, antes de recorrer la senda pedregosa que nos reconducirá a la senda de salida. Mientras la "panga" nos transporta al barco, el día está muriendo. El sol al ocaso irradia de luz anaranjados paños negros de nubes y un barco dibujado contra el cielo... 

 

Loredana Forti

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